Evitación experiencial: cuando huir del malestar lo hace más grande.

A nadie le gusta sostener el malestar, es por ello que el ser humano tiende de forma natural a evitar aquello que le resulta desagradable: el dolor, el miedo, la incertidumbre o los pensamientos incómodos. 

Sin embargo, evitar aquello que incomoda puede convertirse en la estrategia habitual de regulación y afrontamiento. Cuando esta evitación se pone en marcha constantemente para no sentir o no pensar, puede generar un efecto contrario al deseado. Aquello de lo que huyes, te persigue. En términos psicológicos, este patrón es conocido como EVITACIÓN EXPERIENCIAL.

La evitación experiencial consiste en intentar controlar, suprimir o escapar de experiencias internas como emociones, sensaciones corporales, recuerdos o pensamientos, incluso cuando hacerlo genera mayor malestar o sufrimiento a largo plazo.

 

¿Cómo se manifiesta la evitación experiencial?

Puede aparecer de muchas formas en la vida cotidiana, por ejemplo:

  • Evitar situaciones que generan miedo o ansiedad.
  • Distraerse de forma excesiva para no pensar.
  • Analizar una y otra vez un problema para intentar eliminar la duda.
  • Reprimir emociones incómodas, muchas veces etiquetadas como “negativas”.
  • Posponer decisiones por miedo a equivocarse.

Aunque estas conductas alivian momentáneamente el malestar, suelen reforzar el problema con el paso del tiempo.

 

Cuando evitamos aquello que nos da miedo, el cerebro aprende que esa situación es peligrosa. La falta de exposición impide que comprobemos que podemos sostener o tolerar la incomodidad que genera, paralizándonos por el miedo, e impidiéndonos comprobar que este miedo puede disminuir por sí mismo.

Por ejemplo, si una persona evita hablar en público por ansiedad, nunca tendrá la oportunidad de comprobar que puede manejar esa sensación. 

El miedo se mantiene o incluso se intensifica.

 

El objetivo terapéutico por tanto, no es eliminar las emociones o pensamientos incómodos, sino desarrollar una relación más flexible con ellos. Algunas claves son:

  • Reconocer y permitir la experiencia interna.
  • Aprender a observar pensamientos y emociones.
  • Exponerse gradualmente al miedo.

 

La terapia puede ayudar a identificar patrones de evitación y aprender estrategias más saludables para manejar el malestar emocional. Y así poder afrontar aquello a lo que tanto le temes. Cuando dejamos de huir de lo que sentimos, empezamos a construir una relación más amable y consciente con nosotros mismos.

 

 

Si notas que el miedo, la preocupación o la rumiación están limitando tu vida, buscar apoyo profesional puede ser un primer paso importante. Si quieres que te acompañe en el proceso no dudes en contactar. 

 

Alicia García Cebrián 
Psicóloga Sanitaria CM01983

© ALICIA GARCIA CEBRIAN. Psicologa y Terapeuta EMDR. 2022 | Todos los derechos reservados.

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